miércoles, 27 de abril de 2011

Mensaje de un hijo a sus Padres









Carta de un hijo a todos los padres del mundo...


*  No me dés todo lo que te pida. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar.

*  No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

*  No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

*  Cumple las promesas. Si me prometes un premio dámelo.

*  No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y sí me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

*  No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decídete y mantén esa decisión.

* Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.

* No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

* Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga por qué lo hice.  A veces ni yo mismo lo sé.

* Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.

* Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; ya que porque seamos familia eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.

* No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

* Cuando te cuente un problema mío no me digas "No tengo tiempo para tonterías" o "eso no tiene importancia".

* Trata de comprenderme y ayudarme.

* Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no lo creas necesario decírmelo.

* Abrázame, necesito sentirte mi amigo, mi compañero a toda hora.





Ángeles.
Isabel

sábado, 16 de abril de 2011

Entrevista a Rosa Jové




Rosa Jové no necesita presentación. Pero para los que aún no la conozcan, diré que es licenciada en Psicología y en Historia y Geografía y que está especializada en psicología clínica infantil y juvenil, en psicopedagogía y antropología de la crianza. Es especialmente conocida por su libro “Dormir sin lágrimas” y por sus artículos sobre crianza respetuosa. Además –sobretodo- es madre de dos hijos, así que la primera pregunta es obligada:


¿Qué fue primero, la maternidad o el interés profesional por la crianza? Trabajo con niños desde 1982 y fui madre en 1997, así que ya llevaba bastantes años –casi veinte- dedicada a los niños y tenía interés por la crianza. Pero he de reconocer que cambié mucho cuando fui madre. Hubo un cambio cualitativo más que cuantitativo. Hice una especie de reset en muchas cosas, eso es verdad. Siempre había sido muy respetuosa con los niños con los que trabajaba, pero sí que cambié cuando fui madre.


Estamos perdiendo el sentido de comunidad, la “tribu”. Las familias cada vez son más pequeñas, criamos a los niños en soledad… ¿Qué nos está pasando?


Antes las madres tenían unas redes sociales muy importantes. Yo, por ejemplo, era la mayor de una familia numerosa y, en aquella época, eran muchas las familias numerosas. La gente casi miraba raro a los hijos únicos. Entonces, ¿por qué pienso que mi madre pudo tener una familia numerosa? Porque en casa había tres mujeres para cuidarnos: mi madre, mi abuela y una tía que era soltera. Además, había relación con las vecinas pero, ahora, en las ciudades, esto es imposible. En pueblos pequeños todavía se puede, pero en ciudades es impensable. A veces, una madre, aún teniendo a su madre en la misma ciudad, puede que la tenga a hora y media de metro, que no la tenga al lado. Y, a veces, las madres viven en un bloque de pisos donde no conocen a la mayoría de sus vecinos o, si los conocen, quizás ellos no están criando, o no hay suficiente confianza como para dejarles a los niños. Esto es un obstáculo importante a la hora de criar, pero aún hay otro: ahora los niños están mal vistos en casi todos los sitios. Cuando yo era pequeña, todos los niños íbamos a misa, y nos divertíamos pasándonos los misales. Ahora, entras en una tienda con un niño y es muy posible que la dependienta te mire mal, como pensando “a ver ahora éste qué va a hacer”. ¡Hay bodas a las que ni siquiera invitan a los niños! Entonces, la madre se encuentra en la situación de tener que buscar a alguien que le cuide al niño o no puede ir a la boda porque lo tiene ella.



Rosa Jové


¿Es tal vez por eso que hemos llegado a confiar más en los profesionales de la crianza (pediatras, psicólogos, etc) que en nuestras propias madres o en nuestro instinto?


Sí, cuando te encuentras sola, a veces pierdes la seguridad en ti misma y, muchas veces, el profesional es la única persona cercana a la madre que entiende de crianza.


En estas circunstancias, ¿cómo podemos conciliar la vida familiar con la laboral?


¡Yo tengo el secreto de la conciliación!


Cuéntamelo…


La conciliación de la vida laboral y familiar es una ley que tiene un nombre muy largo pero muy poco contenido. En los países escandinavos hay dos años de baja maternal. Aquí dicen que no hay dinero para eso y se ponen a construir más guarderías. La guardería es un mal menor, atenta contra la salud de los niños, porque muchos se ponen enfermos y, si se quedaran en casa, eso no pasaría tanto. Pero, claro, muchas madres quieren ir a trabajar. ¿Cómo lo arreglamos? El otro día calculé cuánto cuesta una plaza de guardería por niño al mes. Hay que contar el personal, los materiales, la luz, la calefacción, etc, pero también el edificio. Cada plaza sale por una media de 2000 euros al mes. Creo que el Estado debería darles a las madres un cheque de 1500.-€ al mes por cada niño y que cada madre pudiera decidir si se lo gasta en la guardería, en una canguro o si le compensa dejar de trabajar para cuidarlo ella. Eso sí, todas las guarderías deberían tener una “tarifa plana” de 1500 euros. Así se gastaría lo mismo que se está gastando ahora pero las madres tendrían más opciones.




El otro día leía que una de las ventajas de la crisis económica es que las familias ya no tienen el dinero necesario para pagar guarderías y, en cambio, tienen el tiempo disponible para cuidar a los hijos en casa.


Exacto. Esto, junto con lo que hacen los países nórdicos que, si una madre se presenta a un proceso de selección laboral se le equiparan los años de antigüedad, haría que todo fuera más fácil.


¿La conciliación también pasa por un cambio de chip de las madres?


Sí, aunque la madre siempre tiene el derecho de elegir.


¿No te parece que cada vez hay más madres desnaturalizadas, que actúan en función del “qué dirán” en vez de hacer lo que sienten que es correcto?


Muchas veces reproducen el estilo de crianza que ellas mismas recibieron. Hace una treintena de años, dejar llorar a los niños era algo bastante normal. Creo que hubo un momento, a partir de los años 60, en que empezó a haber este tipo de ideas y, claro, las madres de hoy son las que fueron criadas así.


Sí, nosotras somos la generación del biberón, el chupete y la cuna…


Muchas veces me encuentro con madres que dicen: “mi madre me pegaba y no he salido tan mal”. ¡Ah, pero no saben cómo habrían salido si las hubieran tratado de otra manera! Por eso hay madres que no saben responder a las necesidades del niño, porque sus propias necesidades no fueron cubiertas en su día. Algunas han hecho el proceso y han cambiado, pero otras, no.


Una vez vino a mi consulta un matrimonio con un hijo adolescente con un ”currículum”… Yo siempre digo que no hay adolescentes malos, pero éste rayaba la línea: pegaba en la escuela, en casa, etc. El padre decía: “no sé cómo nos ha salido así, porque no le hemos dejado pasar ni una”. Le habían pegado con zapatillas, cinturones, etc., le habían castigado… Y no entendía cómo les había “salido así”. Bueno, yo lo puedo imaginar… Y ellos lo habían tratado así pensando que era por su bien.


Con esta falta de tribu y buscando consejo en los profesionales, la crianza ha llegado a internet. ¿Es bueno, malo o depende?


Yo creo que, en general, es más bueno que malo. Lo que pasa es que hay que enseñar a la gente a tener criterio cuando entra en internet. Hay foros que los montan los medios de comunicación, por ejemplo. Tienes que ver dónde te metes. A lo mejor un medio de comunicación puede montar un buen foro de política, pero de crianza quizás no. Sin embargo, aunque el foro sea malo, la gente deja mensajes contradictorios y, al menos, puedes darte cuenta de que hay más gente. Así, a veces, la gente empieza a buscar y encuentra otras cosas.




Si pudieras darle únicamente un consejo a una madre primeriza, ¿cuál sería?


Amor. Ya lo dijo San Juan: “ama y haz lo que quieras”. ¿Por qué mi marido y yo llevamos tantos años juntos? Por amor. No hay más.


Pero la gente sigue buscando métodos, quieren saber qué hacer exactamente en cada momento…


Cierto, pero la gente se tiene que acostumbrar a que en las relaciones humanas no hay métodos. Si los hubiera, los psicólogos no existiríamos. Habría máquinas donde introducirías el tipo de problema y saldría la respuesta. Las personas son diferentes: lo que sirve para una puede no servir para otra. Hay gente que se agobia mucho y necesita que le des rutinas porque, siguiéndolas, tendrá la sensación de estar haciendo lo correcto y se tranquilizará. Pero a una persona más meticulosa no le des rutinas, porque le dará un ataque el día que se pase 5 minutos de la hora. Es exactamente igual que enseñar a los niños. El mismo método no te sirve para enseñar lo mismo a dos niños distintos. Tenemos que acostumbrarnos a que hay cosas que no pueden enseñarse con métodos. Y aquí está lo bonito de la crianza: que no somos robots.
  


¿Estamos aprendiendo? ¿Cómo ves la crianza una generación más adelante?


Creo que vamos por el buen camino. Llegó un momento, en los años noventa, que tocamos fondo, pero ahora volvemos a remontar. Las tasas de lactancia están aumentando año tras año. Esto es un hecho significativo.





¿Qué se le dice, por ejemplo, a una madre que cree que dar el pecho todo el día es malo, no ya para el bebé, sino para la propia madre?


Que está equivocada. Debería tener un buen pediatra que le dijera que lo de las tres horas pasó a la historia hace años… Pero, claro, si el pediatra le sigue diciendo lo de las tres horas, la pobre mujer se va a desesperar. Yo llevaba a mis hijos todo el día en la mochila: el niño podía mamar cuando quería, pero no se veía ni el bebé ni el pecho.



Aquí no se ven muchos portabebés…


En las ciudades cada vez se ven más, por un simple motivo de comodidad porque, si vas en metro o en bus, con el carrito no puedes. En la ciudad te tienes que espabilar sola y, si usas una bandolera, vas mucho más cómoda porque no ocupa espacio y te deja las dos manos libres. Por eso mucha gente la usa aunque no tenga este estilo de crianza.

  

¿Qué nos pasa con la comida, que nos da tantos problemas? Ponemos normas a los niños y, después, cuando son adolescentes, tienen trastornos de alimentación, obesidad, etc. ¿No tendrá algo que ver?


Claro que sí. Yo siempre digo que, mientras las gente siga criando de esta forma, a mi no me va a faltar el trabajo. De mis pacientes, puedo decir que, los que traen a los niños cuando son pequeños, un alto porcentaje tiene un estilo de crianza más respetuosa con el niño: los traen en bandoleras, quieren que duerma sin dejarlo llorar, hacen consultas sobre lactancia, etc. Pero los que los traen cuando son adolescentes, son precisamente los otros.


  
¿Podemos hablar de niños ferberizados, estivillizados y compañía? ¿Qué pasa con estos niños cuando crecen?


Según los estudios, hay aproximadamente un 20% de niños que no tendrán ningún trauma porque se les haya aplicado este tipo de método. Y un 80% que sí. Ése 20% existe. Lo que nosotros hemos podido demostrar es que va en función de la edad. Estivill dice que el método no ha de aplicarse antes de los 7 meses de edad ni después de los cinco años. Cuanto más pequeño es el niño, más posibilidades tiene de traumatizarse. En cambio, si coges a un niño de cinco años y le dices que tiene que quedarse sólo en la habitación y dormirse, el niño llorará pero no pasará miedo. Sin miedo, no se desencadena el mecanismo neuronal que haría que se traumatizara. Por eso, este tipo de métodos indica que, después de los cinco años, no funciona. Y no funciona porque el niño ya no tiene miedo. Seguro que no le gusta estar sólo en la habitación, pero es posible que no le de miedo. Es como si intentaras aplicarle el método a un adolescente. No funcionaría, porque no tendría miedo. Otro factor determinante de futuras secuelas, además de la edad (relacionada con el miedo), es el pack que lo acompaña. Normalmente, la gente que compra este tipo de libros, también compra otros con títulos como “Espera”, “Aguántate”, “No lo toques, no lo abraces”, “Llévalo a la guarde a los 4 meses”, etc. Por eso, cuando llegan a consulta, no es que tengamos que desmontar el método Estivill, es que tenemos que desmontar el pack entero. En cambio, hay madres que han aplicado el método pero que han tratado al niño con respeto y con amor.


Por tanto, ¿el método Estivill tiene secuelas? Sí. ¿Siempre? No. Y la gradación va en función de la edad de aplicación y del pack que lo acompaña. Creo que es importante realizar esta puntualización.




Si hemos aplicado el método Estivill y nos arrepentimos, ¿cómo podemos llevarnos al niño a la cama familiar?


Pues llevándolo.


Pero, si ahora duerme sólo, ¿cómo sabemos si está durmiendo bien o si está traumatizado?


Si se ha hecho y ha funcionado, hay que observar al niño cuando va a acostarse. Si el niño está contento y tranquilo –y eso ningún profesional lo puede ver mejor que una madre- entonces es que duerme bien y será suficiente con “compensarlo” durante el día con mucho amor y dedicación. Ahora bien, si ese niño, cuando llega la hora de acostarse, empieza a estar inquieto, a sentirse mal, etc, entonces es que no duerme bien. Si no funciona, cambia. Llévatelo a la cama familiar.



Hablemos de la tele. Parece que hay una especie de movimiento anti-tele…


Yo estoy en contra de ese movimiento contra la tele, las máquinas y las pantallas. Yo paso ocho horas al día delante de un ordenador, ¿y qué? La tele, el ordenador, la Play, etc no son malos en si mismos. Lo que puede ser perjudicial son los juegos que hay dentro, el contenido. Jugar a un Brain Training o a un juego para aprender inglés me parece perfecto En cambio, jugar a matar ancianas o a atropellarlas con un coche, eso ya no me parece bien. Lo malo no es la tecnología, sino el uso que hacemos de ella. Hay que buscarles juegos adecuados y estar con ellos. Acompañarles, ver qué hacen, a qué juegan, qué se descargan por internet, etc.


Ahora, en el sistema educativo se quiere poner un ordenador para cada niño, por lo que estarán seis horas diarias delante de la pantalla. Y ahora hay madres que se quejan porque están tres horas jugando a la Play o viendo la tele. Hay que tener en cuenta que un niño “enganchado” debe ser, necesariamente, mayor de 5 o 6 años. Antes no se enganchan. Quizás algunos dibujos les llamen mucho la atención, pero ningún niño de menos de 5 años pasaría cuatro horas seguidas viendo a Pocoyó. En cuanto a los niños de 5 años en adelante, hay que tener varias cosas en cuenta: si va al cole, más o menos de 9 a 5 no estará delante de la tele. Si llega a casa, merienda y hace los deberes, antes de las 6 o las 7 tampoco verá la tele. Si además, es hijo único, no tiene hermanos con los que jugar y tampoco puede bajar al parque porque vive en una ciudad, ¿qué podemos pretender que haga? Pues mirará la tele o jugará a las maquinitas durante tres horas porque es el tiempo que tiene disponible. Además, muchas veces la madre ve más horas la tele que el niño y no considera que ella esté enganchada. Para mí, un niño enganchado es aquel que deja de hacer otras cosas por estar delante de la pantalla; que no va con sus amigos cuando éstos van a buscarle, que dice que no a cualquier plan que se le proponga. Y de ésos, todavía no he visto a ninguno. Otra cosa es que le propongas ir a casa de la abuela y te diga que no, pero eso quizás sea porque el ordenador es más bonito y agradable que la casa de la abuela. Pero si le ofreces algo bueno y dice que sí, entonces no está enganchado. Si se está aburriendo y no tiene nada mejor que hacer, entonces las máquinas y las pantallas me parecen bien, siempre que los contenidos sean adecuados y no deje de hacer otras cosas. Obviamente, entre hacer deberes y jugar a la Play, elegirá la Play.



Decías que hay que darles a los niños modelos, valores y normas. ¿No sería más adecuado sustituir las normas por principios? Es decir, en vez de poner una norma que diga que cada día comemos una pieza de fruta, usar el principio de que comemos alimentos saludables para mantener nuestra salud, por ejemplo.


Los principios los incluyo en los valores. Por ejemplo, la honradez es un principio o valor. Cuando hablo de normas, me refiero a la convivencia. Es decir, los niños han de ir atados en el coche porque si no, nos parará la guardia urbana. Esto es una norma y le tenemos que explicar al niño que no la hemos puesto porque sí, sino que es una norma social. Las normas son aquellas sobre las que no tienes elección y, por eso, se las tienes que explicar. Aparte, hay otra serie de normas que funcionan en casa. Por ejemplo, en mi casa, ni se grita ni se insulta. Es una norma de convivencia.


Claro, ésta es una norma que se fundamenta en un valor o en un principio, pero luego hay otras normas que muchas familias establecen arbitrariamente, como que sólo se comen chuches los sábados, por ejemplo. ¿Cómo puede un niño de tres años distinguir un sábado de un miércoles? ¿Cómo va a comprender que un día puede y otro no?


Las familias tienen derecho a establecer este tipo de normas, pero deben ponerlas a partir de los dos años de edad. Con un niño más pequeño, sencillamente, lo que no quieras que haga, intenta que no lo vea. Si no quieres que juegue con cuchillos, no los dejes a la vista. Si no quieres que coma chuches, no se las pongas delante. Si no quieres que rompa la vajilla de cristal, tenla guardada donde no la vea.  A partir de los dos años, como tienen más capacidad de razonamiento y de lenguaje, se lo puedes explicar. Cada cosa a su tiempo. Por ejemplo, mis hijos entienden que los cromos sólo se compran el día que vamos al quiosco, que es el domingo, porque los otros días no gastamos el dinero en cromos. Detrás de esta norma tenemos el principio de aprender a administrar el dinero.


Háblame de los castigos y las consecuencias.


¿Castigos? A mí no me gusta castigar a nadie. Yo no castigo a mis secretarias, ni a mi marido, ni a mi hermana. No castigo a nadie, ¿por qué iba a castigar a mis hijos? Entiendo que si un niño tira las cáscaras de las pipas al suelo, se las hagas recoger, porque es la consecuencia natural: si ensuciamos, limpiamos. Eso no es un castigo.


¿Se aprende a distinguir las consecuencias de los castigos?


En ese momento, pienso que pasaría si eso pasara con mi marido. ¿Sería un comportamiento aceptable?


Por último (por falta de tiempo, que no de ganas) recomiéndanos tres libros de crianza que no sean tuyos.


Todos los de Carlos González; éstos, los primeros. Coge cualquiera de ellos, que todos son buenos. 












También el de "Cómo hablar para que los hijos escuchen y cómo escuchar para que los hijos hablen", de Adele Faber y Elaine Mazlish. Y, a parte, en mi libro Crianza Feliz hay libros recomendados en cada capítulo y todos están muy bien.
Extraido:http://blog.tarkuskids.com/2013/04/entrevista-la-psicologa-rosa-jove.html

Artículo de Laura Mascaró



domingo, 3 de abril de 2011

El valor de los cuentos como parte de la educación.





Existen numerosos escritos de gente muy reputada hablando de los muchísimos beneficios que tienen los cuentos, no sólo en la educación del niño, sino en la vida familiar. Lo que aquí os presento es una valoración personal de los puntos que considero más importantes, haciendo especial hincapié en aquellos que no se suelen mencionar, pero que pueden ser de gran ayuda.


La mayor ventaja educativa, sin duda ninguna, es la capacidad que tiene un cuento de transmitir valores. Quizás no hayamos reparado conscientemente en ello, pero si lo analizamos, la mayoría de los valores más firmemente arraigados en nuestra propia personalidad llegaron a nosotros de la mano de algún cuento: los 3 cerditos, por ejemplo, nos inculcaron la importancia de trabajar bien; la tortuga y la liebre nos mostraban que la constancia y la modestia tenían su fruto; y la cigarra y la hormiga nos hicieron ver que era más rentable trabajar que ser un holgazán.


Esto no es casualidad. Todas las historias, y los cuentos son una más, tienen un argumento lógico que une las distintas partes, haciéndolas mucho más fáciles de recordar. De esta forma, nuestra memoria almacena precisamente ese hilo argumental porque es el pegamento de todos esos elementos, y por tanto la forma más sencilla de tener acceso al resto de detalles de la historia. Y es precisamente la moraleja el mejor resumen de un cuento, y por tanto lo que mejor retenemos del mismo. Así, por ejemplo, uno puede olvidar detalles de lo que decían la cigarra y la hormiga, pero no olvida que una holgazaneaba mientras la otra trabajaba para almacenar comida.

En segundo lugar, y muy relacionado con lo anterior, está la utilidad de los cuentos para enseñar cosas nuevas. Precisamente por la facilidad con que se recuerda la historia principal, y por su importancia como nexo de unión, el cuento permite acceder fácilmente a los demás detalles.




Pero además de ser potentes herramientas de educación y enseñanza, los cuentos inventados y personalizados antes de dormir permiten establecer un nexo fortísimo con los niños. Al ser inventados y originales cada día, quien los cuenta debe dedicar toda su capacidad y atención, aunque sólo sea durante ese momento; y eso es algo que los niños, acostumbrados a ser el centro de atención de actos, pero no de pensamientos (muchos padres tienen demasiadas preocupaciones como para aparcarlas totalmente, aunque sólo sea un rato) perciben con gran agradecimiento y entusiasmo. Y al personalizarlos (yo siempre les dejo escoger los personajes principales de la historia), los padres se obligan a escuchar y atender a sus hijos, y los niños se sienten verdaderamente especiales. Esa carga emotiva tan grande es otro importante factor que facilita la memorización y asimilación de lo enseñado en esos cuentos. 


Yo mismo he podido comprobarlo las numerosas ocasiones en que mis hijos me han sorprendido recordando detalles increíbles de cuentos que les había contado hacía ya mucho tiempo y de los que no habíamos vuelto a comentar nada.


Finalmente, contar cuentos sin libros ni dibujos, con la habitación en penumbra y los niños acostados, tal y como me gusta a mí hacerlo, es una ayuda muy eficaz para contrarrestar la falta de atención que sufren muchos niños actualmente, provocada por vivir en un mundo con tantos sobre estímulos visuales. Bajo la débil luz del pasillo, y con la tranquilizadora presencia de sus padres, los niños abren sus oídos dispuestos a transportarse al mundo del cuento, y sin darse cuenta, están aprendiendo a centrar su atención; no sólo eso, además lo hacen utilizando el oído como sentido primario, muy al contrario de lo que habrá sucedido durante el día. 
Yo suelo aprovechar esta situación para estimular aún más su parte visual, pero en el aspecto creativo, que ante tantos estímulos tan perfectamente fabricados, muchos no desarrollan debidamente; así que lleno los cuentos y sus personajes de marcados y vivos colores, obligándoles a imaginar cada parte del cuento.


No quiero acabar sin remarcar las ventajas de personalizar los cuentos (a quien le parezca difícil hacerlo cada día, aquí cuento cómo hacerlo de forma facilísima). Un cuento personalizado es una herramienta increíblemente eficaz para "analizar" los comportamientos de los niños durante ese día. Aprovechando la cercanía en el tiempo y la frescura de sus recuerdos sobre lo acontecido, mediante el cuento podemos alabar lo que hayan hecho bien, o censurar y tratar de cambiar aquello que no hicieron tan bien. En ese momento tan emotivo, los niños están tan accesibles y dispuestos, que un cuento que ejemplifique claramente la actitud a seguir será mucho más eficaz que varias horas de sermones y buenas palabras.



viernes, 11 de marzo de 2011

No etiquetar a los niños






  Etiquetas psiquiátricas de trastornos    inventados.


  Dejemos que escojan sus propias etiquetas.


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lunes, 14 de febrero de 2011

Mandalas







Mandala.
Un mandala es un dibujo normalmente circular cuyos símbolos están ordenados de forma geométrica en torno a un punto central, la creación desencadena un proceso de interiorización que nos lleva a tener más paz interior.

Pintar mandalas es una terapia.
La observación de los mandalas por si misma ya es una terapia. Consigue hacer que nuestra mente se detenga al prestar atención al dibujo del mandala.
La palabra mandala en sánscrito significa "círculo sagrado" y como tal nos lleva a la parte más espiritual de nosotros, sin embargo la terapia verdadera es cuando nos ponemos a pintar un mandala, pues el propio proceso de la pintura te llevará a una mayor paz interna. Es un modo fácil y sencillo de llegar a la meditación sin tener que esforzarnos en conseguirlo, pues al prestar atención al ejercicio de pintar el mandala nos sitúa en ese lugar de meditación.

Elección de un mandala ya pintado
También podemos observar un mandala que ya está pintado. Elegir nuestro mandala requiere la observación de varios y nos daremos cuenta como nos "llama" el que es más adecuado para nosotros.
Ahora que está tan a la orden del día la ley de la atracción podemos incluir el arte y los mandalas para atraer lo que deseamos a nuestra vida.
Pero como todo proceso requiere de tiempo y paciencia, no puedes crear un mandala con prisas o con ganas de tenerlo terminado. Tampoco puedes ponerte a observarlo teniendo en mente la finalidad de conseguir un objetivo.

¿Hay que dibujar previamente el mandala?
Los mandalas puedes también pintarlos tú sin la necesidad de dibujarlos, hoy en día a través de Internet puedes encontrar multitud de mandalas para colorear.

¿Cómo se pinta un mandala?
Elige el tuyo y píntalo mediante acuarelas, ceras, lápices de colores o rotuladores. Empieza a pintar desde dentro hacia fuera cuando estés coloreando tu mandala.

¿A quién está especialmente recomendado pintar mandalas?
Pintar mandalas es especialmente recomendable para los niños y también para las personas que se encuentran perdidas sin rumbo, muy bloqueadas mentalmente y que no saben meditar pues se ponen muy nerviosas. Con el mandala llegaran a encontrar esa paz perdida.
Cuando estamos pintando, como en todo proceso creativo de modo consciente intervienen las dos mitades de nuestro cerebro: la parte más intelectual (izquierda) y la parte más emocional (derecha) de nuestro cerebro. Así se equilibran  las emociones y el intelecto.

Significado de los colores del mandala
Una pincelada sobre el significado de los colores nos puede ayudar a elegir unos u otros cuando vamos a pintar un mandala con la intención de ayudarnos a superar alguna característica de nuestra personalidad.
Con el verde seremos más creativos, el azul nos ayuda a fomentar el estudio y el intelecto, el rojo pasional aumenta nuestra iniciativa y capacidad de liderazgo, el amarillo y la gama de los marrones nos da equilibrio, serenidad y seguridad...

Déjate llevar por tu intuición
También el rosa para el amor, el color dorado para la fortuna y toda la gama de verdes para potenciar nuestra salud nos ayudarán cuando queramos pintar el mandala con una intención específica, pero yo os aconsejo que os dejéis llevar por la elección de los colores que ese día os "llamen" y veréis como el conjunto de ellos reflejados en vuestro mandala tiene mucho que deciros. 


El mandala es pues, una representación circular a modo de contenedor de espacio sagrado. Mandala significa círculo en sánscrito. Esta palabra es también conocida como rueda y totalidad. Más allá de su definición como palabra, desde el punto de vista espiritual es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente.
 Los mandalas más conocidos son los realizados por los monjes tibetanos sobre el suelo, con granos de arena de colores para destruirlos una vez terminados en símbolo de lo efímero del mundo material.
Lo forman una serie de figuras geométricas y simbólicas de color. Sus objetivos son muy variados: desde la ayuda en la meditación, ayuda para curación, para energetizarse. Al igual que los mantras son sonidos que nos ayudan a entrar en nuestro mundo interior y fundirnos con el cosmos, los mandalas intentan realizar el mismo proceso en el campo visual a modo de lo que llamamos mensajes subliminales que van directos a nuestra memoria interior. Meditar sobre un mandala, es pues, interiorizarlo lo más posible para ayudarnos a fundirnos con el Todo y comprender la Verdad.


Mandalas para colorear los niños:


Isabel y Ángel.






miércoles, 9 de febrero de 2011

Los niños del Tercer Milenio




Es muy importante saber cómo tratar a las nuevas generaciones para que crezcan en un ambiente más abierto y real.


Se ha celebrado en Barcelona el 1r Congreso acerca de los Niños del Tercer Milenio, en el cual decenas de expertos del entorno educativo han debatido sobre cuál es la mejor manera de enfocar la educación de los nuevos niños que están naciendo.





















Isabel y Ángel

viernes, 14 de enero de 2011

El Secreto de la Navidad.



El la anterior entrada del blog os compartí un cuento de Navidad. Me vino a la mente hablando con mi amiga Maite del tema de los Reyes Magos, de cómo explicarle a los niños "ese Misterio".

Recordé que el año anterior, la profesora de mi hijo nos entregó un par de folios con un cuento para leérselo esas vacaciones de navidad.
Yo opté por no hacerlo ya que mi hijo tenía 4 años y pensé que no era el momento adecuado por estar muy ilusionado con la llegada de los Reyes Magos.
El próximo año seguramente él mismo será quien me haga las preguntas para desvelar el misterio y le contaré un cuento. Creo que es muy importante respetar sus ritmos, cada niño tiene el suyo.

Hoy tengo el honor de compartir con vosotros un cuento de mi amiga Paqui. Que como ella bien dice, conserva la magia intacta y me alegro que así sea para que podamos disfrutar todos de este maravilloso cuento.
                                         
El Secreto de la Navidad

“Las hadas andaban apuradas, pues acababa de llegar una nota de Oriente indicando que se requería su presencia, para tratar una cuestión muy importante que no se podía atrasar más, pero en la nota no decía nada de qué era eso tan importante que no podía esperar. Era una petición extraña, pero de cualquier modo se pusieron en marcha para avisar a todas las hadas miembros del Consejo de Hadas. Cuando estuvieron todas reunidas, partieron en varios globos mágicos bañados en polvo mágico de estrellas, de ese modo se hacían invisibles para no asustar a los habitantes de las ciudades. Silfo, el espíritu del viento, que  también tenía que asistir a la reunión, decidió ir con las hadas e iba soplando sus globos mágicos para que éstos no se pararan.


Cuando llegaron, vieron que ya estaban allí los elfos, habían llegado los gnomos y las ondinas. También estaban los cuatro elementos: Gea, la tierra, Marte en representación del fuego y Océano, representando al mar y el recién llegado Silfo, que  tan pronto se despidió de las hadas, fue a unirse con sus compañeros. Además estaban los ángeles y los arcángeles en representación del cielo y otros muchos personajes en nombre del mundo de la magia y la fantasía.



Los Reyes Magos de Oriente saludaron a todos con alegría y alborozo y les agradecieron que hubieran acudido con tanta presteza. Una vez que se hallaron todos reunidos, y tras lo efusivos saludos, pues había algunos de ellos  que no se habían visto en mucho tiempo, tomaron rápidamente asiento y cesaron las conversaciones por interesantes que éstas fueran, par un poco más tarde.
Melchor, de largos cabellos blancos y espesa barba del mismo color, siendo el más anciano de los tres Reyes Magos tomó la palabra diciendo:
- Gracias amigos por haberos reunido con nosotros de modo tan precipitado. Tenemos un grave problema que tenemos que tratar con vosotros.

Como es de todos conocido, cuando nació el Niño Jesús en el pesebre de Belén, guiados por una estrella que, anunciando el nacimiento del Salvador del mundo, iluminó el firmamento para dar a conocer la buena nueva; nos encontramos los tres en el camino hacia Belén. Como sabios y magos de nuestro tiempo, conocedores de la astronomía y la astrología, supimos antes de que ocurriera que iba a nacer el Mesías.

En aquel tiempo, subidos en nuestros camellos y con nuestros pajes amigos cruzamos continente y  desiertos hasta llegar a Belén, de distintos y lejanos continentes, para conocer a este niñito llamado Jesús.

Yo –continuó diciendo el Rey Melchor –, procediendo del Continente Europeo, fui portador de un preciado regalo para el Niño-Rey, le doné el oro, el más precioso de los metales para otorgarle a Jesús su naturaleza real.
          
Gaspar, con su barba y sus cabellos castaños, se levantó de su trono para continuar con el discurso:

- Yo, que soy el más joven de todos, vine de Asia y también portaba un presente para el Niño-Dios, yo le traje el incienso, tan preciado y aromático para que recordara siempre su naturaleza divina.

En tanto Gaspar concluía su perorata se levantó Baltasar, que era de raza negra y continuó diciendo:

- Como todos sabéis, yo llegué del Continente Africano, y me tocó portar la mirra para el Niño-Hombre. La mirra es sustancia de gran valor para la elaboración de perfumes. La mirra simbolizaba al hombre en el que Jesús habría de convertirse, para demostrar al mundo entero que era capaz de soportar el dolor y el sufrimiento y superarlo gracias a su fe.
Baltasar volvió a tomar asiento y se levantó de nuevo Melchor.

- Queridos amigos del mundo feérico, de la magia y  de la fantasía, amigos del cielo y de la tierra, representantes de los elementos y a todos los demás. Nuestros presentes fueron simplemente un símbolo, pero viendo la alegría que causaban en los angelicales rostros de los niños, decidimos entre los tres, que a partir de ese momento todo niño y niña sobre la tierra recibiera un presente para recordar el día del nacimiento de nuestro Salvador.
Pero ahora nos surge un pequeño problema, es que ya estamos muy mayores para seguir haciendo este trabajo y necesitamos vuestra ayuda para que este tiempo de reunión, de unión, de perdón y de reencuentro siga siendo mágico y los niños sigan conservando la alegría y la sonrisa. Pues no hay nada más bello que el rostro de un niño iluminado por una espléndida sonrisa. Sus rostros son tan angelicales cuando sonríen porque sus sonrisas no salen de la boca, sino del corazón. Y sus corazones son tan puros que transforman todo lo que tienen a su alrededor y se vuelven pura dicha extendiéndose en un amor sin límite, sin barreras, sin distinción de razas o colores.

¿Cómo haremos para poder seguir repartiendo magia?


El hada de la Alegría parpadeó y agitó enseguida sus alas pidiendo la palabra.

- Dinos querida hada de la Alegría, ¿tienes alguna idea? – Inquirió Baltasar.
- Si, queridas Majestades, quienes tomen el relevo para obsequiar a los niños con regalos, deberían de ser  aquellos seres que que mejor conozcan a los niños, como hacéis vosotros, que sabéis todo lo que hace cada uno en cualquier momento – dijo el hada de la Alegría.
- Esa es una buen observación – dijo Gaspar acariciando inconscientemente su rizada barba.


Entonces se escuchó un leve carraspeo, y el Arcángel San Gabriel pidió la palabra diciendo:

- Yo creo que tendrían que ser aquellas personas que más quieran a los niños, mucho más que a nadie, pues los niños son ángeles que al bajar a la Tierra dejan sus alas en el cielo durante un tiempo para volver a recogerlas cuando vuelven de nuevo al cielo.
Todos alzaron sus cabezas y se mostraron satisfechos con esta observación.


Entonces, el espíritu de la Naturaleza se levantó y mirando fijamente a los Monarcas, dijo:
- Tienen que ser los seres que estén más cercanos a ellos, que les dediquen más tiempo. Aquellos para quien los niños lo sean todo, aquellos que lo darían todo por ellos, por verles sonreír, alegres y contentos. Los que limpian sus lágrimas y curan sus pupas cuando se lastiman con un beso mágico, los que curan sus malestares cuando se ponen malitos y les bajan la fiebre y les quitan los tiritones  con mimos y caricias. Los hacen desaparecer las pesadillas con un abrazo bañado en polvo mágico de hadas, esos seres que les cuentan historias por la noche antes de dormir, les bendicen con amor y oraciones de protección y les desean que sueñen con los angelitos  y cosas bonitas estrechándolos entre sus brazos y besando sus sonrosadas mejillas o sus cabecitas. Los que les procuran alimento y ropa limpia todos los días. Que los sostienen cuando están casados, que juegan con ellos, los llevan de paseo o al parque para que se diviertan y hacen que sus días sean felices…


En un momento, se produjo un gran silencio y se levantó la magnánima y maternal Gaia, la Madre Tierra. Miró a cada uno de los asistentes a los ojos, con su mirada penetrante y llena de bondad y sabiduría y, esbozando una amplia sonrisa en su rostro, se dirigió hacia los Magos de Oriente y les dijo.
- Todas esas cosas, sólo son capaces de hacerlas dos personas, una madre y un padre. Pues todo eso es lo que yo hago por mis hijos y mucho más, todas esas cosas son las que hacen los padres por sus niños.
Los Reyes se mostraron tremendamente felices al ver que su dilema estaba resuelto, y decidieron nombrar “Pajes Reales” a los padres de los niños para que les hicieran llegar los regalos cada Navidad y conservaran el entusiasmo y la alegría en lo más profundo de sus corazones.
Pero antes de firmar este brillante acuerdo en un pergamino real, se establecieron otras normas que os cuento a continuación.

1º Son los padres y sólo los padres los que, llegado el momento adecuado, podrán desvelar este Secreto a sus hijos, pues esta es una tradición que pasa única y exclusivamente de padres a hijos.

2º Como hemos dicho, esta historia es un Secreto que pasa de padres a hijos, por tanto sólo los padres podrán decidir cuándo contar a los hermanos más pequeños, si los hubiere, esta historia, aunque sea en la compañía de los hermanos mayores, éstos no podrán revelar el secreto a sus hermanos más pequeños hasta que los papás lo decidan. Si lo hacen, sus juegos de ese año no llegarán porque los Reyes Magos los confiscarán y se encargarán de llevarlos a otros niños menos afortunados. O simplemente los padres no les darán nada por haber roto el pacto.

3º Ningún niño que conozca el secreto puede decirlo a otros niños. Recordar que son los papás los únicos que deciden cómo y cuándo decirlo a sus pequeños. Si desveláis el Secreto a los amigos, también os quedaréis sin regalos ese año.

Cuando terminaron de exponer ideas y hablar, se pusieron a redactar un pequeño escrito donde constara toda esta historia para que pudiera pasar de generación en generación y no se perdiera jamás, pues si eso sucedía, se perdería el “Secreto de la Navidad” y llegaría la confusión y el caos.

Después, cada ser mágico, voló, caminó y viajó por el mundo entero para divulgar este “Secreto” a todos los padres del mundo cuchicheándolo en sus oídos, a través de los sueños, o susurrándoles durante la noche, para que pudieran preparar la siguiente Navidad, pues ya no quedaba mucho para que ésta llegara.

Los padres se pusieron muy contentos al poder premiar así a sus hijos y de convertirse en "Pajes Reales" para poder hacer este trabajo encomendado por los mismísimos Reyes Magos de Oriente, los Reyes protectores de la magia y la fantasía que siempre debe residir en el corazón de cada ser humano, como una pequeña llama de luz blanca que brilla y brilla sin parar y donde debemos ir a refugiarnos cuando sintamos que estamos perdiendo la alegría que aporta esa magia tan especial. Vive con magia, nunca abandones la magia en tu vida, pues tú eres magia”.  

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los Reyes Magos son verdad.




  Los Reyes Magos son verdad 


Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
- Entonces no lo entiendo. Papá.

- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

- Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme:
¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños?
 -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y
de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Feliz Navidad, que mi deseo llegue a todas las partes del mundo.


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