viernes, 4 de noviembre de 2011

El cuidado de la Vida Interior del Niño.









El cuidado de la Vida Interior del Niño.


Hay un lugar interior que todos deberíamos conservar, un espacio de paz, de quietud, de sentimiento de Estar Bien y conformes, pese a lo que afuera suceda.

Este espacio interior es nuestro refugio principalmente en los momentos de incertidumbre, de angustia o soledad.
Todos debiéramos poder encontrar con facilidad este espacio, para poder allí refugiarnos en su paz y seguridad en los momentos difíciles. Sin embargo, lo que a menudo se siente es un gran vacío. Un angustioso e intolerable vacío del que desesperadamente se quiere huir. Es así que no pudiendo encontrar el recogimiento interior se busca aplacar por medios externos lo que no proviene de adentro. Los alimentos dulces como golosinas, la TV, los ruidos y sonidos constantes son los mejores aliados para evitar sentirse a sí mismo. Se quiere lograr por lo menos por un instante la sensación de armonía física y anímica que no se presenta sin estos sedativos.
Sabemos que muchas de las carencias sentidas en la adultez tienen raíz en la niñez, por eso la importancia de ocuparnos de los niños, de acompañar sus procesos, de conocer sus necesidades.

Rudolf Steiner, el creador de la Antroposofía, ha descubierto que el ser humano posee doce cualidades a las que denominó como Sentidos -Doce Sentidos-.
Para ser concreta y para que este conocimiento esté al alcance de todos, me referiré a uno de los sentidos más fundamentales, lo que Rudolf Steiner llamó el “Sentido de la Vida” o el “Sentido de Plenitud o Bienestar”.

El “Sentido de la Vida” tiene una meta primordial: Comunicar la sensación de estar bien.
Por un instante cierre los ojos y sienta su interior. Sienta si hay calma, si hay quietud. Ahora recuerde un momento donde esta calma no estuvo, donde se sentía alterado, nervioso o con algún dolor. Este es el sentido de la vida, el sentido que le comunica paz, o el sentido que le comunica un estado interior alterado.
La actividad primera del sentido de la vida es transmitir paz y calma cuando todo está en orden, y cuando no es así, se altera sintomatizando en el cuerpo o en el ánimo. Normalmente nos damos cuenta de que estábamos bien, cuando comenzamos a sentirnos mal. Es decir, en general percibimos el sentido de la vida cuando se ve alterado por alguna razón interna o externa.

El niño nace con la conciencia de que el mundo es bueno. Y en las primeras experiencias de malestar, de dolor o incomodidad física o anímica se le debe confirmar que el mundo efectivamente es bueno, calmándolo, acompañándolo y conteniendo su Ser para que vuelva a la paz.
Es por eso que el sentido de la vida es uno de los sentidos fundamentales. Porque comunica al niño lo más sensible: ¿Cómo me siento? ¿Cómo es el mundo conmigo?
Cuando el niño es pequeño su cuerpo le resulta incomodo, indominable. A medida que va creciendo va conociendo sus capacidades y sus límites. Va controlando sus impulsos apropiándose de sí mismo.
Pero cómo vive este proceso de adaptación y de autoconocimiento es de vital importancia para su futuro.
El niño en crecimiento debe conectarse con la sensación de estar bien, de estar a gusto consigo mismo, de estar cuidado y contenido. Como ya he dicho, es aquí donde el niño tiene que confirmar que el Mundo es Bueno. Es en él mismo, en el sentido de la vida, donde debe sentir la bondad y la quietud.
Al principio comenzará a percibirlo desde el cuerpo, lo cual tendrá eco en su interior. Lo que comienza como un cuidado físico se traslada a un sentimiento anímico de estar bien, de estar conforme, de estar en paz y seguro.


Y este cuidado debe provenir de afuera, debe venir de sus padres al principio, y luego de todo el entorno más inmediato.
Es esencial que el niño sienta de sus padres contención, amparo y cuidado, tanto de su cuerpo como de su estado interno.
Los padres son para los niños la figura de Dios. Son lo más cercano que ellos tienen al Padre-Madre Celestial. Para el niño pequeño son su mundo, y de ellos necesita recibir amor para construir la confianza, la entrega, la alegría de existir.

El niño a través del cuidado de sus padres aprende a confiar en la contención del mundo, y por otro lado e igual de importante, se genera en su interior un lugar de recogimiento, un lugar de calma y quietud. Aquí residirá la seguridad, el abrazo, la confianza y la entrega, y por supuesto, todo esto contribuirá significativamente en el desarrollo de su personalidad futura.
En este lugar el niño podrá encontrarse en paz con su cuerpo y con su espíritu.
Este lugar es el que buscamos desesperadamente cuando somos adultos. Es a este lugar donde queremos volver cada vez que sucede algo disonante.
Este lugar es el interior del niño, pero he aquí la labor: Este lugar se construye con la presencia y el cuidado intuitivo de los adultos.
Muchos padres tienden a asustarse o alarmarse cuando el niño está simplemente tranquilo. Reflexionan equivocadamente que ser pequeño significa estar en constante movimiento, murmullo o en un excitado estado anímico. Pero eso que asusta es lo que debemos permitir que suceda. La tranquilidad. El niño tiene la capacidad de estar tranquilo, solo que a veces no se le es fomentado o no se le es permitido.
El niño ya desde muy pequeño debe aprender del silencio y la quietud sin que eso signifique estar desanimado o enfermo.
Si el niño logra percibirse tranquilo, si se lo acompaña con entrega, podrá saber lo que es sentirse Bien internamente. Bien con sí mismo y con los demás.
Rudolf Steiner llamó a este estado “sentirse bien interiormente como integridad”.
Hoy en día vemos a los niños reaccionar desmedidamente ante todo. Los vemos alterarse fácilmente, los vemos ir y venir con sus emociones a flor de piel. Hay una parte del niño que está sin control y que reacciona con facilidad.
Si el niño se siente como una integridad armónica, se siente entero internamente, su cuerpo y su espíritu estarán capacitados para no quebrantarse ante diversas afecciones. Más sencillamente, si el interior del niño está bien está contenido, conoce lo que es la quietud, sabe lo que es la calma, no será vulnerable a cualquier hecho.
Hoy nos encontramos ante niños absolutamente vulnerables a cualquier estímulo, niños con una muy baja tolerancia. Pero ¿Cómo podemos pedirles a estos niños que permanezcan quietos, que no griten, que estén tranquilos, si en muchos casos no conocen ese estado? Lamentablemente a menudo les es más familiar la desarmonía que la armonía.
Esto es lo que tenemos que rescatar: el pedido de auxilio de los niños. La humanidad debe recuperar la calma, debe aprender las diversas formas de estar bien. Debe recuperar la vida interior porque esto es lo que más necesitan los Niños de Hoy.
Contención y cuidado es lo que necesitan, y no se trata sólo del cuidado corporal, sino también anímico y espiritual, con dedicación sincera, con verdadera participación interna por parte del adulto.

Si el niño recibe este amor a través del cuidado del entorno, si puede conocer lo que es estar tranquilo pero feliz, experimentará la bondad en su ser, la bondad del mundo, registro que le quedará para toda su vida.
Antes de terminar, sólo una sutil e importante aclaración: lo que el niño vivenciará será lo que está detrás de nuestros actos, más allá de lo que se le muestre. El niño tomará la esencia que está detrás de las formas, por eso el trabajo es mutuo.
Los niños son un reflejo de nosotros mismos. Podremos mostrarles tranquilidad, podremos cuidarlos exageradamente, pero lo que el niño tomará es la esencia de cada acto. Es el ritmo de nuestra respiración en ese preciso momento.
En la segunda entrega trataremos las alteraciones de conducta y carácter ligadas al deficiente cuidado de la vida interior del niño.







El cuidado de la vida interior del niño.
2da parte: Intolerancia, poca paciencia, irritabilidad. Hiperactividad

El niño llega al mundo, un mundo conocido a nivel superior de conciencia pero ajeno desde las sensaciones físicas. Un mundo elegido, y como parte de esta elección, encuentra en él a sus padres, seres que ahora aquí en la tierra, representan lo más cercano que ellos vivenciaban de la fuente divina. Sus padres son sus guardianes, todo lo que sea ofrecido por ellos conformará el interior del niño, y su futura postura ante el mundo.

Hay un lugar interior que todo ser humano debiera conservar intacto, puro, colmado de paz y vitalidad. Este lugar es en donde nos refugiaremos cuando algo nos desequilibre. Será un lugar donde inconscientemente reposaremos cuando algo nos altere el estado de bienestar. Simplemente, cuando algo nos suceda, tendremos un lugar interior al cual recurrir, un lugar que no se vio afectado por lo que afuera sucedió.



Será un cuenco de paz interior en el cual nos sostendremos para poder afrontar enteramente aquello que nos afecta. Si encontramos este lugar interior, sea lo que sea que nos suceda, no será tan grande, ni nos desequilibrará desmedidamente. No se producirá la sensación de quebranto interno ni un estado de soledad o desolación.

Este lugar se construye desde los primeros momentos del niño sobre la tierra. ¿Cómo? El niño nace con la conciencia de que el mundo es bondad, amor y armonía. Viene de una fuente de plenitud hacia el mundo físico, mundo que muchas veces se vuelve duro, molesto y doloroso para los más pequeños. Son los padres y el entorno más cercano, los que deben confirmarle al niño que efectivamente lo que espera del mundo es correcto. Que ellos son sus nuevos protectores y dadores de Amor y cuidado. Se confirmarán haciéndoselo sentir a través de su cuidado amoroso y dedicado.
Lo primero que el niño necesita está íntimamente relacionado al cuidado de su cuerpo físico: necesita alimento, higiene, muchas horas de sueño, tranquilidad en el ambiente que lo rodea, contacto. Pero esto no es más que algo superficial, si no se realiza con verdadera devoción hacia este pequeño ser angelical que hoy ha llegado a la tierra y me ha elegido como su guía.
Si el niño tan solo recibe de sus padres el cuidado a modo de deber, sin la verdadera participación interior, sin paciencia, sin amor y disfrute, esto no será suficiente para que se genere en su interior este refugio del cual hablamos al principio.
En cambio si el niño recibe a través de cada acto que se realiza para su cuidado, calma, devoción, entrega amorosa, dedicación y presencia, en su interior se irá construyendo un espacio de paz, sensación de bienestar, cuidado, contención y seguridad ante el mundo y de si mismo ante el mundo.
Si el niño recibe genuino cuidado y dedicación con total entrega por parte del adulto a cada momento como un acto sagrado, en su interior un cuenco de paz y confianza hacia el mundo se irá generando. Este cuenco será el refugio del niño, y en el futuro del adulto, en momentos en los que el mundo lo desestabilice.

Entonces ahora comprendiendo la importancia del cuidado de la vida interior del niño a través de la verdadera entrega por parte del entorno más cercano, es momento de ver qué sucede cuando el niño va creciendo y este cuidado no forma parte de su realidad cotidiana.

Hay dos puntos fundamentales y de preocupación actual que se desprenden del deficiente cuidado de la vida interior del niño.

Intolerancia, poca paciencia, irritabilidad

Si el niño no recibe del entorno, padres, primeros maestros, etc. el cuidado, amor y verdadera entrega que le generará en su interior la confianza de existir, la confianza en el mundo, la alegría y seguridad de estar vivo; ese cuenco paz interior, silencio y armonía, difícilmente sienta estos estados de la nada. Él nace con la conciencia de que el mundo es bondad, amor y paz pero si lo de afuera le indica otra cosa, esta conciencia va transformándose, generándose en su interior desconfianza, temor en estado de latencia e intranquilidad, que es igual a un estado de no paz, no quietud, no confianza ante la vida.

En estos casos, el cuenco que debería empezar a formarse en los primeros años, no se forma. El niño comienza a crecer con un estado interior alterado, irritado, incómodo. Este niño no sabe lo que es estar tranquilo, pues nadie lo supo guiar hasta allí, él sabe que el mundo es bastante duro, que debe estar alerta, debe saber defenderse, moverse y hacer un esfuerzo por encontrar el bienestar afuera de él.
El niño no tiene un lugar donde reposar dentro de sí mismo, donde encontrar estabilidad emocional y asistencia ante los hechos desagradables de la vida cotidiana. Podría decirse que el niño no se percibe como una integridad en bienestar. Se percibe como partes separadas, unidas por un minúsculo cabello de Ángel.

Si algo le sucede a este niño, si en la escuela recibe un daño a su ánimo, si en la casa su padre lo regaña o le pide silencio y quietud, si se lastima o se golpea, rápidamente el “equilibrio” se rompe. Se quebranta su momentáneo estado de tranquilidad, todo se vuelve grande, muy pesado. Este niño no tiene donde recurrir, llora desgarradamente, grita sin consuelo, vive los limites como una dureza insostenible. No soporta el daño pues no tiene un lugar dentro de él donde refugiarse y encontrar y reconfirmar que todo es pasajero, que la paz perdura pese a lo hechos superficiales. Este niño tiene poca tolerancia ante la negación del mundo, ante los límites naturales de él. No puede soportar la injusticia, porque no conoce que finalmente pese a lo que suceda, adentro está la paz y el equilibrio.

En definitiva no hay sentimiento de integridad, hay partes por aquí y partes por allí que forman el todo del niño en una estabilidad muy sensible, y cualquier hecho que toque esta estabilidad, la rompe y el niño vuelve a sentir que el mundo no es bueno con él.
Cualquier malestar parece un problema existencial para este niño.

Y he aquí la palabra que le es muy difícil vivenciar a los niños con el estado alterado del sentido de la vida: La tolerancia.
Tolerancia hacia lo que le sucede, paciencia para saber esperar, paciencia para poder entender que las cosas no siempre son como deseo. Tolerancia al mundo de afuera.
Si el niño no tolera su interior, ¿cómo podrá tolerar lo que recibe de afuera como “daño”? Si el niño no conoce la quietud interna, ¿cómo podrá tener una postura paciente ante el mundo que le dice hasta acá, espera un momento?
¿Cómo podrá amar la vida si en su interior tiene inconscientemente un registro de que existir muchas veces duele? ¿Cómo podrá escuchar y tener paciencia, si dentro de él no hay un lugar donde él pueda reposar mientras espera?

Podré escuchar al prójimo, prestar atención y considerar su idea más allá de que comparta o no su enfoque a través de mi calma interior y paz. Estando en un sano lugar interior, tendré la capacidad de mirar hacia afuera y poder aceptar la diferencia. Pero si primero no hay una aceptación interior, y hay en su lugar un deseo inconsciente de huir de mi mismo, ¿cómo podré abrazar lo que esté fuera de mí?

Este niño en general percibe en su interior caos, desorden, separación, en vez de sentir paz interior, sensación de integridad y registro de que el mundo es bueno y cálido con él, lo cual le permitiría contemplar, esperar confiadamente, sentir seguridad de sí mismo y de lo que sucede afuera.

Es fundamental que el niño confirme día a día que el mundo es bueno, ¿cómo? A través del cuidado, amor, entrega y dedicación plena y sincera por parte del adulto. Y principalmente, a través de la tolerancia del adulto ante lo que el niño manifieste.

Hiperactividad

Como ya hemos dicho, si el niño cada vez que está en silencio, cada vez que está quieto, cada vez que llega la noche y debe ir a dormir, su conciencia se va hacia adentro y comienza a registrarse intranquilo; si cuando comienza a registrar su interior nota que allí no hay un refugio donde sostener su quietud y silencio, y hay en cambio un sentir desordenado, inconforme, inseguro, querrá evitar de todas las maneras posibles sentirse. Entonces estos niños no se permitirán estar en silencio, no se permitirán estar quietos, irán de aquí para allá inconformes, queriendo constantemente llevar su conciencia hacia afuera. No quieren sentirse porque eso les da terror, les hace sentir que están desprotegidos. Se alteran, se mueven, no se permiten el silencio, se vuelven adictos a la TV, a los juegos de computadora, a la música, todo esto los distrae y los mantiene en una conciencia artificial, no propia.
No pueden mantener la concentración porque nuevamente su conciencia se va hacia adentro, y adentro lo que hay no es bello, no es paz.

En relación a este tema Henning Köhler dice en el libro “Niños temeros, tristes e inquietos”: “Durante el día la ocupación esencial de dichos niños es el rechazo al cansancio, y de por sí, el rechazo, la oposición a todas las formas de serenidad y calma, puesto que durante el estado de tranquilidad la conciencia es llevada, conducida al propio cuerpo, y si los sentimientos que se producen son desagradables, los niños comienzan a moverse excesivamente, a correr, a charlar o a producir ruidos, a toquetear, a morderse las uñas, a hacer muecas. A menudo estos niños hasta desarrollan tics nerviosos. Prefieren un entorno ruidoso porque así desvían su atención.
Estos niños son torpes, se lastiman constantemente. No miden sus movimientos, se golpean o golpean por sus brutas sacudidas.”

Y como hemos dicho anteriormente, un buen aliado para evitar sentir lo que nos pasa es dormir la conciencia ante la TV o la computadora, y también consumir excesivamente golosinas y dulces. Muchos niños encuentran en todo esto un respiro, por un pequeño instante una sensación de paz, de salud física y anímica, lo sienten gracias a estos medios pero claro que es transitorio, y además esto no produce ningún bien profundo.
Todo lo hacen para no sentirse internamente. Si no estoy en paz internamente, evitaré sentir mi interior.

A estos niños se los conoce comúnmente como niños hiperactivos.
De más está aclarar que la hiperactividad puede darse a consecuencia de múltiples y variadas situaciones que pueden guiar o provocar en el niño dicho estado. Aquí estamos hablando de algo fundamental, que si se conoce, podrá marcar un principio de ayuda en la problemática del niño.

Lamentablemente cada vez aumenta más el número de niños con esta conciencia alterada, y no se trata de buscar culpables, muchas veces los padres se esfuerzan por darle conscientemente lo más apropiado al niño y aun así esto aparece.
Seres humanos, adultos, todos lo sabemos también, no solo le sucede al niño, hoy esto es un problema social.
Hoy en día la intolerancia ante la diferencia, la impaciencia ante un cambio, la irritabilidad, el no saber escuchar, el no poder comprender el proceso del otro, es moneda corriente. A menudo los seres humanos no toleran la libertad del otro, las elecciones y caminos que difieren al mío. Pareciera que ser o hacer algo diferente es un defecto y hay que evitarlo o forzarlo a que sea como yo creo.
El mundo también está hiperactivo, vive en la superficie, no puede bajar porque ha perdido de vista lo esencial. Si se mira hacia adentro muchas veces no se encuentra nada, todo es difuso en la profundidad, es más seguro mantenerse sujeto a la superficie, por lo menos mi interior aquí arriba no se encontrará amenazado.

Muchas veces los adultos están enredados en una compulsividad, trabajan y trabajan sin tener horas de descanso, inclusive muchas veces salen de sus trabajos y encienden el televisor o realizan compulsivamente una actividad tras otra. Hasta muchas veces este insostenible vacío genera una ansiedad tal que causa adicciones al cigarrillo, bebidas alcohólicas, drogas, etc. Sin notarlo parte de la humanidad está caminando en círculo sin evolucionar, sin reflexionar, y muchas veces sin mirar los ojos de sus niños.
Pero sin irse a tal extremo, aunque lamentablemente exista, en general lo que mayormente sucede es que los adultos se encuentran constantemente irritados, no saben descansar, contemplar, reposar, sentir bienestar, no hacer “nada”. Deben hacer porque si no hacen, lo que sienten no es bello, no es armónico, no les produce bienestar. El cuenco interior no está o bien está tapado de inseguridad y miedo. Puede que, como estamos elaborando ahora, este estado interior no haya sido conquistado durante la niñez, pero ahora siendo adultos tenemos la capacidad de observarnos, y de la observación podemos reconocer qué parte nuestra está insana, necesita cuidado y atención.
Muchas veces el adulto hiperactivo exige al niño que no lo sea. Muchas veces el adulto intolerante, que no sabe esperar, que no tiene paciencia y que está la mayor parte del tiempo alterado por esto o aquello, le exige al niño quietud, concentración, paciencia.

Nos han enseñado a enseñar así de la palabra hacia afuera, pero los niños de hoy nos muestran que ya no sirve. Puede que generaciones anteriores a través de la prohibición, el castigo, el regaño, la amenaza, el miedo o la dureza hayan impuesto al niño lo que debe ser y hacer más allá de lo que el adulto es, pero ¿cuánto tiempo este niño que se lo fuerza a ser bueno, a estar quieto, a estar callado, a estar atento, puede conservar este "aprendizaje" una vez que los adultos no lo miran? A menudo, fuera del entorno familiar estos niños estallan sin medida, o bien estos niños en su adultez les cuesta enormemente saber cómo ejercitar la conciencia, solo saben obedecer reglas.

Ahora todo se vuelve un poco más sutil, no importa la información, el deber, la moral impuesta, ellos perciben directamente el interior del adulto, y eso manifiestan.

Cómo crecer como adultos. Cómo ayudar a estos niños

Todo, por más incorporado y fijado que parezca estar, puede revertirse y ser cambiado. Sólo es cuestión primero de reconocer cuál es el tema a trabajar, después trabajar sobre la aceptación verdadera y total de ello, para luego poner en práctica las herramientas apropiadas para ayudar a mejorar cada caso.
Para los niños que tienen alterada su interioridad, hay que ofrecerle posibilidades que fortalezcan y colaboren con la sana maduración de su interior.
Concretamente estamos hablando de prestar especial atención al cuidado del cuerpo del niño con un cariñoso, genuino y entregado contacto físico.
También hablamos de la alimentación, hablamos del cuidado y la responsabilidad en la alimentación. Aquí hay que considerar que el niño no sólo se alimenta de los nutrientes sino de la energía con la cual fue hecho dicho alimento. Es por eso que como adultos debemos estar presentes y consientes de la disposición que tenemos en la elaboración de todo lo que le ofrecemos al niño.

No hay que olvidar la sensibilidad de los Niños de Hoy, y que todo lo que sucede lo veamos o no, tiene un eco en su interior. Cuando hablamos de cuidado muchas veces olvidamos cuidar las sutilezas, siendo estas muchas veces las que más afectan a la vida anímica del niño. Considerar el cuidado de lo sutil es una tarea diaria.

El ritmo, ofrecerle al niño contención en los esquemas cotidianos hogareños: Respetar la hora de sueño, la hora de la cena o almuerzo, el momento del juego, el momento de hacer la tarea de la escuela, el momento del cuento. Es importante que el niño se sienta contenido en lo que recibe. Si por ejemplo una noche se acuesta a una hora, al día siguiente se acuesta a otra, y cada día es algo totalmente desordenado, esto no colabora favorablemente con su desorden interno. Todo lo contrario, este desorden interno encuentra afinidad en lo arrítmico, y a menudo el niño puede acentuar su desequilibrio sin nosotros notar que la causa es el desorden que se le ofrece en lo que recibe cotidianamente en el hogar.
Pero, queridos adultos, continuando con lo sutil, hay algo aquí fundamental, muchas veces no importará tanto QUÉ se le ofrezca sino CÓMO usted lo haga: Con qué energía, con qué predisposición, con qué amor, con qué delicadeza, con qué alegría, con qué disfrute, desde dónde, desde qué parte suya. Medite sobre su actitud cotidiana ante el niño tanto si es padre, maestro o terapeuta.
En el caso del hogar las preguntas a reflexionar serían: ¿Con qué energía y disposición anímica cocino sus alimentos? ¿Con qué alegría lo acompaño a dormir, o le leo un cuento? ¿Con qué entusiasmo le enseño y explico la tarea de la escuela? ¿Con que vibración salen las palabras de mi boca cuando le explico algo o le pongo un límite?

¿Cómo es usted con el orden? ¿Se siente ordenado internamente? ¿Cómo es el orden de los horarios de la casa?
Hablemos acerca de esto…

El cuidado de la vida interior del niño

Estamos hablando de un nuevo paradigma, ya no hablamos de lo que debemos y no debemos, de lo correcto o incorrecto, los nuevos niños nos sumergen en las profundidades de nosotros mismos aunque no queramos. Nos dicen, nos piden que miremos nuestra alma primero, para luego poder cuidar la suya.

El niño, ya desde el momento en que es concebido debiera percibir del entorno y de su madre el mensaje, la vibración de: “te amo, te cuido, ven tranquilo, aquí la vida es bella”.
Luego al nacer cuando el cuerpo le resulta incomodo, el cuidado del adulto y el contacto le deben confirmar este mensaje: “si duele pasará, si lloras hay un consuelo y un abrazo, si estas incómodo en mis brazos encontrarás paz, duerme que te cuido, con toda mi aura te envuelvo.”
Es como ir moldeando con la fuerza del amor, con la quietud espiritual, con el contacto seguro y tranquilo, un cuenco de arcilla en su interior, sutil pero fuerte, colmado de ánimo, fuerza y seguridad de existir.

Estamos hablando de superar el discurso moral de bien y mal, además recordando que no sólo alcanza con ser aquel ejemplo superficial que muestra al niño mediante su accionar las cualidades de lo que este debe copiar de él. Esto es un gran paso, podría decirse que es el primer paso cuando aun no se ha conquistado algo mayor, pero si elevamos más nuestra búsqueda encontraremos una nueva ley pedagógica.
Estamos siendo guiados hacia una actitud más elevada de nosotros mismos: ¿Qué vibra el adulto cuando le habla al niño o cuando busca ser su ejemplo?

Esto es lo nuevo: Lo que el adulto vibre en su accionar, traspasa el accionar y se vuelve esencia permeable al niño. Si queremos enseñar al niño lo que es la calma, el adulto debe saber conquistarla interiormente primero. Sentir su recogimiento, su concentración, su propio cuenco primero. Y si nota que no lo tiene o está dañado, debe transformarse responsable y alegremente en su propio escultor moldeando su cuerpo y su interior como arcilla, trabajando en sí mismo con sinceridad como un niño.

Si conozco el camino que lleva a la paz podré guiar otros a su encuentro.

Pero en general ¿Qué es lo que sucede? Esto niños movedizos, inquietos, irritables, intolerantes sacan rápidamente del eje al adulto. Ante los recurrentes estados de estos niños, rápidamente el adulto se vuelve intolerante e irritable también. Ambos vibran en la misma frecuencia.
Los niños sacan a flote lo que está más allá del mensaje que damos para educar.

Paciencia, estado sereno y calmo, capacidad de contemplación y quietud, escucha atenta y abierta, es lo que necesitarán estos niños como trato.
Y para que el sentir paciente y calmo surja espontáneamente por parte del adulto, antes de querer cambiar al niño, se debe el adulto poder sentirse, aceptarse y aceptar.

Primero me miro, me reconozco y me acepto. Después miro al niño, lo reconozco y lo acepto. Y de la aceptación SIEMPRE SURGE LA PAZ. Abrazo al niño con mi paz, y pese a lo que haga, lo invito con movimientos cálidos, con serenidad en mi voz a volver a sí mismo. Con un cuidado diario y periódico de su interior, el niño comenzará a construir su propio cuenco.

Cuando dejamos de negar y luchar contra lo que queremos cambiar, cuando surge la verdadera aceptación, todos ustedes lo saben, en algún momento lo han podido notar, sorpresivamente algo empieza a cambiar. ¿Qué cambia? ¿Cambio yo o cambia el otro? No hay separación, la unidad que formamos con el otro hace que todo movimiento interior sea percibido afuera de mí y cause una transformación.
Además, cuando aparece la paciencia, aparecen nuevas herramientas que tan lejanas parecían cuando estaba corrido de mi eje. Ahora puedo jugar con el niño aunque este se enoje con facilidad, ahora puedo mantenerme sereno cuando en la mesa en niño se torna movedizo e intranquilo. Puedo esperar que se le pase, no tengo apuro. Ahora puedo leerle un cuento aunque parezca no escucharme, puedo mantener mi concentración aunque parezca en vano. Ahora puedo hablarle a su alma, desde mi más profunda paz, y más aun, puedo sin hablar mostrarle lo que es la Paz.






Autora: Nancy Erica Ortiz
Creadora del curso “Los Niños de Hoy”
Fuente de inspiración y Bibliografía consultada: “Niños temerosos, tristes e inquietos”, de Henning Köhler.




lunes, 31 de octubre de 2011

Estimular la capacidad lingüística de los niños a través de actividades lúdicas.




Padres y profesores pueden estimular la capacidad lingüística de los niños a través de actividades lúdicas.

Autodefinidos, crucigramas, sopas de letras, adivinanzas o trabalenguas son, además de juegos, una herramienta idónea para estimular el desarrollo del razonamiento verbal de los niños. Esta capacidad intelectual tiene un papel fundamental en el progreso cognitivo de los estudiantes, ya que implica la habilidad para entender, estructurar, organizar y comprender el lenguaje, unas destrezas imprescindibles para alcanzar los objetivos curriculares de las diferentes etapas académicas.

  • Autor: Por MARTA VÁZQUEZ-REINA


“Parece un viejo hablando”. Esta frase se pronuncia de forma habitual al escuchar a un niño que utiliza un lenguaje y expresiones poco acordes con su edad. La clave no está en los años, sino en la capacidad de razonamiento verbal del niño. Esta habilidad responde al potencial lingüístico y a la destreza para comprender conceptos y analizarlos, que se adquiere a lo largo de la vida. Proporciona al hablante los medios intelectuales necesarios para hacer un uso adecuado de la lengua y procesar la información que recibe de su entorno. No consiste sólo en tener un vocabulario amplio, sino que implica también la capacidad para clasificarlo, ordenarlo y relacionar entre sí los significados.
Lo fundamental es que cuenten con un entorno académico y familiar que les ayude a desarrollar la habilidad para el razonamiento verbal

La habilidad para el razonamiento verbal no es una capacidad innata en los niños, aunque algunos tengan más potencial que otros. Lo fundamental es que cuenten con un entorno académico y familiar que les ayude a desarrollarla. No es una tarea difícil. Actos tan sencillos como invitar al niño a escuchar conversaciones de personas mayores, leerles a menudo, llevarles al teatro, a representaciones de cuentacuentos o títeres, pueden ayudarles de manera significativa a que desarrollen nuevas formas de expresión.
Una de las mejores formas de estimular el desarrollo de las habilidades lingüísticas de los niños es a través de los juegos verbales. El “veo veo”, adivinanzas o trabalenguas son algunos adecuados para los más pequeños. A quienes ya han aprendido a escribir y a leer se les puede invitar a participar en juegos de mesa que ayudan a reforzar esta capacidad porque implican el uso del lenguaje.
Favorecen la adquisición del vocabulario y les ayudan a organizarlo en torno a categorías
Juegos de palabras, crucigramas o sopas de letras son también una herramienta lúdica básica para alcanzar el objetivo de desarrollar el razonamiento verbal. Estas actividades, realizadas de forma habitual, reportan muchos beneficios al estudiante. Por una parte, favorecen la adquisición del vocabulario, les ayuda a organizarlo en torno a categorías y refuerzan su proceso cognitivo. También favorecen la fluidez de la expresión oral y el desarrollo de la memoria, además de servir para progresar en competencias del lenguaje tan importantes como la escritura, la ortografía o la redacción.







Actividades on line

Padres y profesores pueden acceder desde Internet a multitud de recursos didácticos en línea, que sirven para que los estudiantes practiquen en casa o en las mismas aulas. Estos son algunos de los sitios disponibles con ejercicios, actividades y juegos encaminados a estimular y desarrollar las habilidades verbales de los niños.
  • Palabras amigas: esta página web reúne distintos juegos y actividades para estimular las habilidades verbales de los más pequeños. Sopas de letras, juego del ahorcado y crucigramas, que los niños pueden realizar en línea desde este portal.
  • Juegos verbales: una completa guía para que docentes o padres practiquen con los niños su habilidad lingüística. Hay trabalenguas, adivinanzas y rimas, con orientación metodológica para su correcta aplicación en cada una de las secciones.
  • La llamada de la selva: esta página web escoge la selva como tema recurrente para organizar distintas actividades verbales para niños. Se trabajan los significados, la polisemia o los sinónimos y antónimos, entre otros aspectos del lenguaje.
  • Todo crucigramas: cientos de crucigramas y autodefinidos y juegos de palabras cruzadas para jóvenes de secundaria. Se pueden imprimir para solucionarlos en casa y cuentan con las soluciones para ayudar a resolverlos.
  • Juegos lingüísticos: Averroes, la red telemática de la Junta de Andalucía, publica distintos juegos lingüísticos para practicar con niños de 2º de primaria o de 1º de ESO. Destacan las adivinanzas, trabalenguas o crucigramas de sinónimos y antónimos.
  • Jugando con el lenguaje: el portal de la editorial SM profes.net dispone de una serie de propuestas didácticas para trabajar la lengua con niños del primer ciclo de ESO. Cada actividad cuenta con un documento descriptivo que explica cómo se deben desarrollar los ejercicios propuestos.
  • Léxico: esta página dedicada al léxico recopila una serie de ejercicios y actividades que pueden ayudar a estimular el razonamiento verbal de forma significativa. Ordenar de modo alfabético, relacionar palabras y definiciones, antónimos y sinónimos o polisemias. En total, cerca de 100 ejercicios para realizar en línea y resolverlos.
  • Razonamiento verbal: la página web de la editorial EDB digital contiene un buen número de recursos para entrenar la capacidad verbal de los estudiantes. Están clasificados por etapas educativas. Se recogen en distintos cuadernillos que se pueden imprimir para trabajar en casa con los niños en diferentes áreas del lenguaje, como sinónimos y antónimos, relación de palabras o dictados.
  • Lectoescritura: una web publicada por el Instituto Superior de Formación del Profesorado que propone una gran variedad de ejercicios, como analogías verbales, palabra “intrusa”, palabra repetida o “descubre la palabra”. Los niños pueden ampliar su vocabulario y reforzar el razonamiento.





Alto alto como un pino,
pesa menos que un comino.

El humo
Una casita con dos ventanillas
Si la miras, te pones bizco.

La nariz
Tengo patas y no ando, soy plana
y no canto, seme apoyan para
escribir y no te puedo hacer reír.

La mesa

Todos me pisan a mí,
pero yo no piso a nadie;
todos preguntan por mí,
yo no pregunto por nadie.

El camino
Todo el mundo lo lleva,
todo el mundo lo tiene,
porque a todos les dan uno
en cuanto al mundo vienen.

El nombre
Blanca por dentro,
verde por fuera.
Si quieres que te lo diga
espera.

La pera
Mi casa la llevo a cuestas,
tras de mí dejo un sendero,
soy lento de movimientos,
y no le gusto al jardinero.

El caracol
Una señorita muy señoreada,
que siempre va en coche
y siempre va mojada

La lengua

Somos muchos hermanitos,
en una sola casa vivimos,
si nos rascan la cabeza al instante morimos.

Los fósforos
Adivina quién soy:
cuanto más lavo,
más sucia voy.

El agua
Quién es el que bebe por los pies?
El árbol
Fui a la feria compré una bella llegué a la casa y me puse a llorar con ella.
La cebolla
Oro no es, plata no es, abre la cortina y veras lo que es.
El plátano

¿Qué será, qué es:
mientras más grande, menos se ve?

La oscuridad
Una cajita chiquita,
blanca como la cal:
todos la saben abrir,
nadie la sabe cerrar.
El huevo
Todo el mundo lo lleva,
todo el mundo lo tiene,
porque a todos les dan uno
en cuanto al mundo vienen.

El nombre
Tiene ojos de gato y no es gato,
orejas de gato y no es gato;
patas de gato y no es gato;
rabo de gato y no es gato.

La gata
Todos me pisan a mí,
pero yo no piso a nadie;
todos preguntan por mí,
yo no pregunto por nadie.

El camino
Si se nombra, se rompe.
El silencio
¿Quién es el que bebe por los pies?
El árbol





miércoles, 19 de octubre de 2011

Un Angel En La Tierra


Un Angel En La Tierra


Este es un bello poema dedicado a las madres, espero que os guste.








UN ÁNGEL LLAMADO MAMÁ (POEMA)







Isabel

sábado, 24 de septiembre de 2011

Perdón mama



Perdón mama


Anuncio de detergente argentino que bien merece un oscar.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cuando creias que yo no te estaba mirando de Ernesto Cortázar

Cuando creias que yo no te estaba mirando
de Ernesto Cortázar



Todos nosotros, padres, hermanos, amigos..
influimos en la vida de los niños que tenemos a nuestro alrededor.....
aunque pensemos.. que no están mirando.....





Ángel e Isabel

sábado, 6 de agosto de 2011

Diez cosas que queréis que aprendan vuestros hijos








10 cosas que espero aprenda mi hijo

 Aunque escolarizamos a nuestros hijos sabemos que valores, modales, hábitos, visión de la vida, todo lo básico se enseña en casa,  y que hay cosas que no están en ningún currículum pero que aun sin proponérnoslo transmitimos a nuestros hijos, por eso insisto tanto en que son espejos de nosotros.

Comparto con vosotros este post, y espero que os guste.





Me propuso hace poco un amigo una reflexión muy interesante y no me resisto a compartir con vosotros mis ideas al respecto. Se trata de hacer una lista con las 10 cosas que queremos que nuestros hijos hayan aprendido cuando cumplan la mayoría de edad y para las que, sin duda, hay que comenzar a trabajar desde la primera infancia.
La educación que les demos a nuestros hijos los va a preparar para vivir más feliz y sabiamente, siendo responsables con el mundo que les rodea y dando sentido y utilidad a su vida.
Por eso, además de los contenidos escolares habituales, creo que hay cosas que debemos ayudarles a conseguir aprender, contando, por supuesto, con sus gustos y respetándolos, pero poniendo las bases de un desarrollo global de la persona.
Y para esto hay que empezar pronto, tener las ideas claras sobre lo que importa y dedicarle tiempo y esfuerzo a ello. Posiblemente para cada familia las prioridades van a ser diferentes. Estas son las mías.


  1. Ser un librepensador, es decir, ser capaz de analizar las informaciones críticamente y actuar de forma independiente de las opiniones mayoritarias.
  2. Ser capaz de expresarse por escrito y verbalmente perfectamente. Sea lo que sea lo que hagamos en la vida, expresarnos con corrección es muy importante, tanto para los aspectos laborales como para los relacionales. Nuestras emociones y pensamientos desearemos comunicarlos a otros, por lo que, conocer y cuidar el lenguaje es un instrumento indispensable.
  3. Tener una cultura amplia que le permita entender por si mismo el mundo y lo que le rodea. Muchas de las informaciones y datos que nos van a llegar en la vida precisan, además de la simple apertura de canales, un proceso interno de interpretación. Sin conocimiento somos esclavos de las mentiras y engaños. Por eso creo que conseguir conocimientos de todos los temas, de manera crítica y variada, es básico para poder ser una persona libre.
  4. Confiar en sí mismo, respetarse, conocerse y amarse. La autoestima y el autoconocimiento, proporcionando instrumentos teóricos y prácticos, a través de la experiencia y el estudio, para enfrentar las dificultades, creo que son básicos para que una persona desarrolle sus capacidades y logre sus sueños.
  5. Saber respetar a los demás, aunque no piensen como él, tratándolos con empatía y resolviendo los conflictos de manera pacífica. La violencia, la competitividad mal entendida, el desprecio del otro conducen a la incomunicación y a la opresión. Poder diferenciar conscientemente nuestros deseos e ideas de los derechos legítimos del otro a expresarse y ser libremente es una parte importantísima de una educación para la paz.
  6. Nadar. Puede asombrar lo prioritario que lo considero, pero, de no ser que estemos seguros que nunca le hará falta, me parece una medida importante para poder salvar tu propia vida y la de otros por cosas que he vivido cuando era socorrista.
  7. Ser un buen “amo de casa”, es decir, cocinar, cuidar de una casa y de los hijos que tenga.
  8. Saber ganarse la vida, es decir, tener conocimientos para elegir o ejercer una profesión que le guste y le permita vivir lo más independiente posible. No me importa lo que sea, o alfarero, o agricultor, o diseñador gráfico, o pintor de brocha gorda, o electricista, o fisioterapeuta, médico, actor, arquitecto, ingeniero, escritor, locutor…
  9. Cuidar de la salud: saber de nutrición, medicina básica y remedios naturales, además de poder atender un parto si es preciso y hacer los primeros auxilios.
  10. Tener habilidades manuales prácticas: cultivar alimentos además de saber arreglar y fabricar cosas con sus manos. No puedo saber cómo evolucionará el mundo, pero para sobrevivir nunca sobrará hacerte una cabaña, hacer una fogata o conseguir alimentarte de los frutos de tu propio trabajo.






Además de estas diez cosas que yo, en mi experiencia e ideas, considero importante enseñarle, hay muchas otras cosas que hacemos: música, pintura, informática, equitación, idiomas… pero son complementarias a estos conceptos y habilidades que considero imprescindibles para proporcionarle las bases para una vida libre, feliz y útil.
Estoy segura que vosotros tendréis listas diferentes a la que yo hago y me encantaría invitaros a que las compartáis con nosotros, pues creo que es muy positivo el aprender de los demás. Aunque vuestros hijos sean pequeños la educación en el hogar comienza desde la primera infancia y hay que tener las cosas claras. ¿Qué diez cosas queréis que aprendan vuestros hijos?


Mireia Long
Extraído de Bebes y Mas.

  

















martes, 12 de julio de 2011

Mandalas






Mandalas


Mandala es una palabra que en sánscrito, quiere decir círculo sagrado. Algunos lo llaman “el laberinto de los círculos”. Se utiliza para meditar, concentrar energía, equilibrar los desordenes, producidos por diferentes factores, que alteran y desestabilizan.

El mandala es un símbolo circular, que se encuentra desde el comienzo de la humanidad. Las diferentes culturas coinciden en que conduce hacia el camino a la unidad del ser.
La realización de mandalas es eficaz para armonizar, estabilizar y controlar estados de crisis, ansiedad, y desequilibrios.

La utilización de los mandalas se remonta desde los tiempos antiguos, hay grabados en las pirámides egipcias donde muestra que utilizaban la fuerza de los mandalas para su concentración, energización del lugar, meditación profunda, para elevar el nivel de conciencia, Hay papiros que muestran la utilización de mandalas dentro de las casas para mejor la captación de energía y crear ambiente de armonía y balance, o para transmutar la energía negativa en positiva.


¿Cómo utilizar mandalas con niños?

La palabra sánscrita «mandala» significa «círculo» y, más concretamente, «pensamiento contenido dentro de un círculo». Con este vocablo se designa todo tipo de imágenes organizadas alrededor de un punto central, que pueden contener múltiples formas geométricas y simbólicas. Los dibujos pueden ser muy complejos (como los pintados por los monjes tibetanos, ordenados según unas estrictas normas de composición y referidos a una tradición compleja) o muy sencillos y naturales: un punto en el centro de un círculo, una flor abierta, un sol. Los niños dibujan estas formas primordiales de manera espontánea.

El mandala es una herramienta de recentrado, permite reencontrarse con uno mismo, para calmarse, «retirarse» (dejar de someterse a las presiones del grupo), sentir la vida interior, encontrar el origen. Así, por ejemplo, se proponen ejercicios de observación de la respiración, de escucha de los sonidos interiores, de concentración visual y de ejercicios corporales como automasajes, estiramientos o posturas de relajación.


Manera de proceder:


  • Previamente el adulto creará una carpeta con variedad de modelos impresos (fotocopiar para conservar el original) Puede clasificar por grado de dificultad para utilizarlo según la edad del niño. 
  • El niño elige por sí mismo el dibujo del álbum que más le atraiga en ese momento.
  • Se instala en un sitio tranquilo donde no sea molestado mientras esté realizando esta actividad.
  • Tiene que tener a su disposición una amplia gama de colores (marcadores, lápices, crayones)
  • Puede transformar el dibujo a su gusto y añadir todos los elementos que desee.
  • Para la comprensión de esta actividad, es importante que observe su estado interior antes y después del coloreado. Antes de un trabajo de concentración, 10 minutos pueden ser suficientes para reencontrar la calma.
  • En la escuela o en casa puede ser una actividad de relajación espontánea muy eficaz.
  • Colorear hasta que considere que está terminado, si el tiempo no alcanza guardar para continuar el mismo en otro momento.
Normas principales  para pintar mandalas:

  • Es una actividad libre, no se puede obligar a pintar un mandala cuando no se desea.
  • Es importante una buena ventilación, iluminación y sonoridad del ambiente (música tranquila)
  • Respetar la dirección en que se ha empezado a pintar tomando como referencia el punto central.
  • Si se pinta del centro hacia afuera libera las energías internas hacia el exterior.
  • Si se pinta de afuera hacia adentro, encontrará meditativamente su propio centro.
  • Evitar influir en la elección del modelo, los colores o cómo debe pintarlo.

Álbum con nuevos modelos para descargar:

 Fuente: Mandalas y Pedagogía. Marie Pré. Imágenes tomadas de la Red.
Mandalas para niños. Beneficios. 

Los mandalas, diseños geométricos circulares, son herramientas que funcionan para la meditación y ayudan a la concentración.
La meditación produce una mayor receptividad y una mente más abierta al conocimiento. El mandala trata de reproducir un mundo ordenado, donde la simetría del dibujo y su composición equilibrada transmiten la idea de perfección.

Su principal objetivo es fomentar la concentración de la energía en un punto central.
Aunque se utilizan desde tiempos remotos en todas las civilizaciones con diferentes manifestaciones, fue en el siglo pasado cuando se utilizaron como dibujos terapéuticos.

Muchos profesionales, docentes y padres los incorporan como recurso que ofrece múltiples beneficios.


Beneficios de dibujar y pintar mandalas:

  • posibilita la concentración y el aprendizaje;
  • equilibra los hemisferios cerebrales izquierdo-analítico y derecho-creativo;
  • favorece el descanso y el sueño;
  • facilita la comunicación y potencia la creatividad;
  • desarrolla los sentidos y la capacidad de percepción;
  • fomenta la iniciativa personal, y estimula la imaginación favoreciendo la libre expresión.
  • A través del dibujo, uso del color y diferentes técnicas grafoplásticas, el niño expresa su mundo interior, pensamientos, ideas, estados de ánimo y relaciones con el mundo de un modo cada vez más complejo. Desde los primeros garabatos a las creaciones artísticas más abstractas y elaboradas va desarrollando su psicomotricidad y confirmando la estrecha relación con su desarrollo integral.
                  ~ ♥ ♥  ~ ♥ ♥~ ♥ ♥~ ♥ ♥~ ♥ ♥~ ♥ ♥~ ♥ ♥~ 


martes, 5 de julio de 2011

Yoga para Niños OMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!


Yoga para Niños OMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!






Practicar Yoga,  Meditación o  Relajación no es solo cosa de adultos, puedes dejar que tus hijos participen contigo. 


Isabel





sábado, 18 de junio de 2011

CUANDO LOS NIÑOS APRENDEN.











CUANDO LOS NIÑOS APRENDEN.

Cuando los niños aprenden que la felicidad no se encuentra en lo que una persona tiene, sino en lo que esa persona es.

Cuando aprenden que dar  y perdonar es más gratificante que quitar y vengarse.

Cuando aprenden que el sufrimiento no se mitiga con auto-compasión, sino que se supera con determinación interior y fuerza espiritual.

Cuando aprenden que no pueden controlar al mundo a su alrededor, pero que son los maestros de sus propias almas.

Cuando aprenden que las relaciones mejoran si valoran más la amistad que el ego, el compromiso que el orgullo, escuchar que aconsejar.

Cuando aprenden a no odiar a una persona cuya diferencia temen, sino a temer ese tipo de odio.
Cuando aprenden que hay placer en la fuerza de motivar a otros, no en la falsa fuerza de humillar.

Cuando aprenden que el elogio de otros es halagador pero sin sentido si no se conjuga con el respeto a sí mismo.
Cuando aprenden que el valor de una vida se mide mejor no por los años dedicados a acumular posesiones sino por los momentos dedicados a dar de sí mismo, compartiendo sabiduría, inspirando esperanza, secando lágrimas y conmoviendo corazones.

Cuando aprenden que la belleza de una persona  no se ve con los ojos sino con el corazón; y que aunque el tiempo y las penurias pueden destruir nuestra coraza exterior, nos pueden mejorar el carácter y la perspectiva. 

Cuando aprenden a abstenerse de juzgar, sabiendo que todas las personas están dotadas de cualidades y defectos, y que la aparición de unas u otros depende de la ayuda ofrecida o el daño infligido por otros.
Cuando aprenden que a todas las personas se les ha dado el don de tener un yo único, y que el propósito de la vida es compartir lo mejor de ese don con el mundo. 

Cuando los niños aprenden estos ideales y cómo practicarlos en el arte del buen vivir, ya no son niños... son una bendición para quienes los conozcan, y valiosos modelos para todo el mundo.

Miranda
Extraído de: Laberinto de Luz
Isabel



jueves, 16 de junio de 2011

Los Niños y el Reset - Suzanne Powell


Son seis bloques de unos 15 minutos.

Espero que os gusten.


Suzanne Powell tiene 47 años, es nativa de Irlanda del Norte y residente en Barcelona, España desde 1987. Psiquiatra Filosófica, Especialista en Nutrición Ortomolecular y Profesora de los cursos ZEN LONGEVITY para el control del sistema y para ser quién realmente tú eres.

Los Niños y el Reset - Suzanne Powell
























Isabel y Ángel





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